domingo, 22 de enero de 2017

My kind of sunday.


El Blanco Sol de invierno ya lo quema todo. Todo el tiempo.
Compré un reloj de arena, me hipnotiza y me encanta echarlo a correr, podría mirarlo todo el domingo mientras las pesadas horas de sol, corren. Mirando el reloj de arena el tiempo corre lentísimo, y me siento infinita, me siento presente.
Desde que viví en SCDLC ya siempre como cacao, en semilla o en barra. Disfruto que es amargo y grasoso: le das unas morididitas y es suficiente y te mata el antojo de cualquier otra cosa.
Cuando lo como recuerdo a mis roomates francesas y mexicanas allá en SCDLC, recuerdo la hermandad secreta de reunirnos a hablar de nuestros corazones rotos mientras comíamos minúsculos trocitos de chocolate amargo que nos daban endorfinas mientras mataban lentamente en nosotras el antojo de cualquier otra cosa, de cualquier otra cosa, de cualquier otra cosa.
El domingo en DF, me quedo en casa a jugar con mis papeles y mis platos, porque me estoy haciendo una acumuladora tremenda de cosas que se rompen, de vidrio y cerámica. Me tomo uno de esos tés en esas ñoñísimas bolsitas de tela tejidas, que son un lujo tremendo, igual que el chocolate y a veces lloro por todo lo que hay y por todo lo que no hay.
Leo y releo la carta que envió Yasnaya desde sus montañas verde-azuladas. Siempre lloro cuando llego al momento en el que escribe "mis abrazos huelen a humo de encino", quizá porque durante un tiempo mis brazos también olieron a bosque. Ya no estoy en la montaña y ya no huelo a ella, y trato de vivir en un santuario imaginario, tratando de contemplar el mundo celeste, en mis papeles, en mis platos, en mi té, en mis recuerdos, en mi tiempo.
...
The White Winter Sun already burns it all. All the time.I bought an hourglass, it hypnotizes me and I love tomake it run, I could watch it all day long, while the heavy hours of sun run on. Looking at the hourglass the time runs extremely slow, and I feel infinite, I feel present.Since I lived in SCDLC i always have cocoa near by seed or bar. I enjoy that it is bitter and greasy: you give a few little bites and it is enough and it kills you the craving of anything else.I can remember to my French and Mexican roomates there at SCDLC, I remember the secret sisterhood of coming together to talk about our broken hearts as we ate tiny pieces of bitter chocolate that gave us endorphins while slowly killing in us the whim of anything else, Anything else, anything else.On Sunday in DF, I stay home to play with my papers and my dishes, because currently I am doing a tremendous accumulation of things that break, glass and ceramics. I take one of those teas in those tiny, woven cloth bags, which are a tremendous luxury, just like chocolate and sometimes I cry for everything there is and for everything that is not.I read and reread the letter Yasnaya sent to me from his blue-green mountains. I always cry when I get to the moment in which she writes "my hugs smell of oak smoke", perhaps because for a while my arms also smelled of forest. I am no longer on the mountain and I no longer smell like it, and I try to live in the sanctuary trying to contemplate the celestial world, in my papers, in my plates, in my tea, in my memories, in my time.

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